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jueves, 26 de agosto de 2010

Relato de Antón Chéjov: "La dama del perrito"

Antón Pávlovich Chéjov (29 de enero de 1860, Taganrog, Rusia - 15 de julio de 1904, Badenweiler, Alemania) fue un médico, escritor y dramaturgo ruso. Encuadrable en la corriente naturalista, fue maestro del relato corto, siendo considerado como uno de los más importantes escritores de cuentos de la historia de la literatura. Como dramaturgo escribió cuatro obras, y sus relatos cortos han sido aclamados por escritores y crítica. Chéjov compaginó su carrera literaria con la medicina; en una de sus cartas escribió al respecto: "La medicina es mi esposa legal; la literatura, sólo mi amante".

Dejó de escribir obras teatrales después de la mala acogida que tuvo su obra La gaviota en el año 1896. Sin embargo, esta misma obra tuvo un gran éxito en el año 1898, interpretada por la compañía Teatro del Arte de Moscú de Konstantín Stanislavski, interpretando también Tío Vania, Las tres hermanas y El jardín de los cerezos.

Al principio Chéjov escribía simplemente por razones económicas, pero su ambición artística creció, introduciendo innovaciones que han influido en la evolución de los relatos cortos. Su originalidad consiste en el uso de la técnica del monólogo, adoptada más tarde por James Joyce y otros escritores del Modernismo anglosajón, además del rechazo de la finalidad moral presente en la estructura de las obras tradicionales. Le preocupaban las dificultades que esto planteaba al lector, porque consideraba que el papel del artista es realizar preguntas, no responderlas. WIKIPEDIA

Retrato de A. Chéjov: Fernando Vicente (http://fernandovicenteases.blogspot.com/)


Este año 2010 celebramos una efeméride literaria más: 150 años con el escritor y dramaturgo ruso Antón Chéjov que, poco antes de morir, confiara a Maximo Gorki que "es posible que dentro de algunos años todo cuanto he escrito sea definitivamente olvidado. Pero los caminos que he trazado permanecerán intactos y seguros y ese habrá sido mi único mérito”. Sin duda,
una buena forma de volver a transitar su memoria literaria es a través de uno de sus más conocidos relatos: La dama del perrito, breve ensayo que gira alrededor del nacimiento del amor y los entresijos a que conlleva la pasión, y cuyo final es abierto, porque como nos indica el propio Nabokov: "mientras las personas sigan vivas no hay conclusión posible y definida de sus conflictos, sus esperanzas o sus sueños". Dedicado especialmente a Nor.



Booktrailer:







LA DAMA DEL PERRITO





Eloy Tizón - Mis personajes de ficción: Anna (La dama del perrito)
http://www.elpais.com/articulo/revista/agosto/dama/perrito/elpepucul/20070805elpepirdv_14/Tes



martes, 23 de febrero de 2010

Relato breve de Juan José Millás; "Hacer manitas"



En la mesa de al lado dos estudiantes (chico y chica) mantenían una discusión gramatical. Él se quejaba de que la palabra "objeto" no tuviera femenino y ella de que el término "cosa" careciera de masculino.

–Para mí –decía el chico–, una cajetilla de tabaco no es un objeto, sino una objeta.
–Pues para mí –aseguraba la chica– el pene no es una cosa, sino un coso.
–Si te empeñas en llamar coso al pene –replicaba el joven–, comenzaré a llamar objeta a la vagina.
–Pues te equivocarás: la vagina no es una objeta, ni siquiera una cosa, a ver si distingues.

La llegada del camarero con sus refrescos y mi gin tonic de media tarde los hizo callar. Cuando se quedaron solos de nuevo ninguno fue capaz de retomar la conversación. Yo di un primer sorbo a mi copa fingiendo permanecer ensimismado en mis asuntos (quizá en mis asuntas), pero atento a la posibilidad de que reanudaran aquella interesante conversación lingüística. Tras un rato de silencio ominoso (qué rayos significará ominoso), la chica dijo:

–¿En qué piensas?
–En nada –respondió el chico.
–Estoy segura –replicó ella– de que la primera persona que habló fue para mentir, como tú ahora.
–¿Y qué mentira dijo?
–"Yo no he sido". Vamos, es que no me cabe la menor duda de que el lenguaje se inauguró con esa frase o una parecida: "Yo no he sido".
–A lo mejor –añadió el chico–, la primera persona que pronunció una frase entera fue para decir "te quiero".
–¿Me estás diciendo que me quieres?
–He dicho que a lo mejor fue la primera frase de la humanidad.
–¿Pero me quieres o no me quieres?

El chico miró a su alrededor, por si hubiera alguien escuchando, y dijo en voz baja que sí, que la quería, pero que no volviera a llamar coso a su pene. Ni tú objeta a mi vagina, concluyó la chica. Y se pusieron a hacer manitas.


viernes, 8 de mayo de 2009

Artículo de Juan José Millás: "Confesión"


Yo he tenido una suerte enorme de que no me hayan acusado nunca de un asesinato. A mí, viene la policía a buscarme y me pone las esposas por un crimen cometido en Australia, adonde no he viajado nunca, y me lo creo, creo que he sido yo porque habiendo matado imaginariamente a granel, y no teniendo siempre claras las fronteras entre el pensamiento y la acción, ignoro a veces en qué lado de la raya me encuentro.

Con frecuencia, caigo en ensueños criminales o artísticos (también económicos) cuya textura es idéntica a la de la realidad, de modo que si viene un hispanista norteamericano a darme coba por haber escrito La Regenta, me lo creo también, pese al desfase cronológico, y es que me ha faltado el canto de un duro para escribirla, lo mismo que para matar a alguien. Es más, quizá he cometido algún crimen que ha pasado inadvertido o he escrito una obra maestra de la que nadie me acusa. Entonces, si voy a una ventanilla de Hacienda y el funcionario me habla en francés, le respondo en francés (aunque no sepa), convencido de que tal es mi verdadera nacionalidad, mientras que la española fue un sueño. Y si estoy tirado en el sofá y veo acercarse a mi mujer con la correa del perro en la mano, soy capaz de ponerme dócilmente a cuatro patas, por si mi condición de hombre hubiera sido un delirio del que me tengo que apear (mi perro los tiene, pero sólo él y yo lo sabemos).

Observo mi existencia con la perspectiva que dan los años y me parece un milagro que haya sido siempre, más o menos, la misma cosa, que no haya dejado, en fin, de ser quien soy, quizá para ocultar que en realidad soy un perro, un asesino, un eximio escritor (¿qué rayos querrá decir eximio?). De todas formas, no crean que me siento a salvo. Cada vez que suena el timbre de la puerta, me acojono, por si fuera la policía. O un hispanista norteamericano.
EL PAÍS