lunes, 21 de abril de 2008

Carl Warner: "Foodscapes" (Paisajes comestibles)

Carl Warner es un fotógrafo británico de 45 años especializado –por su trabajo como fotógrafo publicitario– en imágenes de objetos, pero fascinado por los paisajes, que encontró hace una década una forma de unir ambas inquietudes. Lo bautizó como "foodscapes" (del inglés food, comida, y landscapes, paisajes) y consiste literalmente en eso, en recrear paisajes utilizando alimentos.que trabaja. En los bosques de brócoli, las torres de queso y los cipreses de pimiento ideados por Warner hay pintura, escultura, ecos de poesía, música y mucha arquitectura, cuya rama principal, podría decirse tras verlos, es la horticultura. Cadenas de supermercados y firmas de alimentación de toda Europa se disputan sus imágenes como reclamo publicitario de sus productos.


Warner tiene un estudio en Londres, cuatro hijos, una cámara Hasselblad de 39 megapíxeles y una imaginación desbordante. Todo empieza con un dibujo. Cuando le ronda una idea, este moderno Arcimboldo –que conoce al pintor renacentista pero se dice más influido por filmes como Willy Wonka y La fábrica de chocolate o El mago de Oz– la plasma sobre un papel y piensa qué alimentos pueden hacerla parecer más realista.


Terminado el dibujo, llama a dos colaboradores –un estilista de alimentos y un maquetista–, se lava las manos y arranca. "Suele ser el estilista el que hace la compra", comenta. A continuación, disponen los alimentos recreando la escena sobre una mesa de unos 2,5 metros de largo. Operan por partes: se monta y fotografía el primer plano, luego el fondo y, por último, el cielo. El hecho de que muchos ingredientes se estropeen al calor de los focos obliga a Warner y sus colaboradores a trabajar a un ritmo frenético: en dos o tres días pueden tener un paisaje montado y fotografiado.


La obra, sin embargo, está lejos de quedar acabada. A cada foodscape aún le faltan horas y horas de retoque con Photoshop en el ordenador. A veces, dos y tres días. Warner cuenta para ello con un tercer ayudante, un retocador. "El secreto está en engañar al espectador", revela. "A primera vista tiene que creer que es real. Sólo en un segundo momento debe advertir los verdaderos ingredientes".


Así, por ejemplo, en "A forest of greens" los brócolis son encinas, el perejil hace de hierba, y las patatas de roca. El sendero está hecho con comino y otras especias, y la escalera, con ramas de vainilla.


En "Fruity balloons" encontramos globos de fresa, aguacate, manzana, plátano, ajo...Los edificios son de queso con tejados de zanahoria, o de piel de manzana, y los campos roturados, espárragos o maíz.


"Cheesy Tuscan Villa" nos muestra un castillo hecho de queso, los muros del camino de arroz, y las ruedas de las carretas de setas.


En "Bread mountain" los caminos de arroz conducen hacia escarpadas montañas de pan. En la vereda, un carro con ruedas de galleta. Al fondo, nubes de coliflor.


En "Salmon seas" un barquito-tirabeque se aventura en un océano de pescado.


Finalmente, en "Mountain Landscapes" los edificios de este pueblo de cuento de hadas son de queso parmesano con tejados de macarrones. Los adoquines son judías. Hortalizas, frutos secos, pasta y nubes de mozzarella completan la escena. Los toldos son pimientos.

MAGAZINE EL MUNDO

1 comentario:

Camila dijo...

Seria un sueño poder estar en un paisaje donde se puedan comer las cosas. Creo que para los que somos golosos seria algo hermoso de vivir. Por el momento disfruto de quedarme en los apartamentos buenos aires y comiendo las cosas que tengo en la heladera, jaja