miércoles, 9 de junio de 2010
domingo, 6 de junio de 2010
"Moments", una celebración de la vida (cortometraje de Will Hoffman)
Para no olvidarnos de aquellas pequeñas cosas y momentos que dan sentido a nuestra vida...
Etiquetas:
Cine: Cortos,
Música,
Relaciones personales,
Sociedad,
Vídeos
sábado, 5 de junio de 2010
Joyas musicales - Rosa Cedrón: "Arde el mar" (Entre dos mares)
Rosa Cedrón es una cantante gallega e intérprete de violoncello, conocida por ser la voz durante nueve años en el grupo Luar na Lubre, así como en colaborar en discos de músicos con Mike Oldfield. Nació en Monforte de Lemos (Lugo) el 25 de octubre de 1972, y enseguida se mudaría a la ciudad de La Coruña. Su vocación ya desde niña fue el violoncello, y perteneció a la Orquesta de Cámara Municipal de A Coruña. Más tarde fue profesora de música en Ferrol.
Comenzó a colaborar con Luar na Lubre, inicialmente como cellista, pero acabó siendo también vocalista, hecho que observaría el conocido músico Mike Oldfield invitándola a participar en la grabación de Tubular Bells III, algo que incrementó la popularidad y el éxito de este grupo de música folk.
Con Luar na Lubre, Rosa desarrolló un amplio labor durante 9 años: actuó en los mejores escenarios, grabó varios discos y recogió premios de reconocimiento a su música. En el año 2005 deja el grupo y a partir de ese momento se dedica a su carrera en solitario y publica su primer disco en solitario: Entre dous mares en 2007. WIKIPEDIA
Letra:
Tiema luz de porcelana
tres estrellas en tu almohada
y la miel
y la miel de tu mirada
El misterio de tus manos
es aquel que el cielo extraña
y lo que el viento
lo que viento quiere ser
Nace un mundo cuando hablas
caen las hojas cuando callas
y en tus ojos vive un dios
La belleza está grabada
en tu espalda y en tus alas
Si caminas arde el mar... arde el mar
Llueve plata cálida
sobre el rio que bendices
y al llorar
crece un árbol de cristal
Cuelga el cielo de tus pies
y yo te enseñaré a caer
se tu me invitas
tú me invitas a volar
Nace un mundo cuando hablas
caen las hojas cuando callas
y en tus ojos vive un dios
La belleza está grabada
en tu espalda y en tus alas
Si caminas arde el mar... arde el mar
Arde el mar, arde el mar...
y la miel
y la miel de tu mirada
El misterio de tus manos
es aquel que el cielo extraña
y lo que el viento
lo que viento quiere ser
Nace un mundo cuando hablas
caen las hojas cuando callas
y en tus ojos vive un dios
La belleza está grabada
en tu espalda y en tus alas
Si caminas arde el mar... arde el mar
Llueve plata cálida
sobre el rio que bendices
y al llorar
crece un árbol de cristal
Cuelga el cielo de tus pies
y yo te enseñaré a caer
se tu me invitas
tú me invitas a volar
Nace un mundo cuando hablas
caen las hojas cuando callas
y en tus ojos vive un dios
La belleza está grabada
en tu espalda y en tus alas
Si caminas arde el mar... arde el mar
Arde el mar, arde el mar...
Etiquetas:
Música,
Música: World music,
Naturaleza,
Vídeos
Artículo de Juan José Millás: "Fin de fiesta" + Humor gráfico (Miguel Brieva)
A ver si lo hemos entendido bien: tenemos, como reino y como individuos, una deuda que nuestros acreedores desconfían de cobrar. Es cierto que nos prestaron el dinero sin exigir garantías, como si buscaran, justamente, lo que está sucediendo, pero eso ahora no importa. Lo que importa es que los prestamistas, preocupados de súbito por nuestra insolvencia, envían a sus matones financieros con el siguiente mensaje: reduzcan, para pagar lo que nos deben, su nivel de vida o les rompemos las piernas. Como ya hemos visto otros países con las piernas rotas, y resulta un espectáculo sobrecogedor, obedecemos sin rechistar, y a toda prisa. Menos medicinas, menos enseñanza, menos justicia, menos cheques bebés, menos leyes de dependencia, menos autopistas, menos trenes, menos pensiones, menos salario, menos indemnizaciones por despido, menos salir a cenar, menos alegrías.
Pero al ejecutar la operación advertimos con espanto que la reducción del nivel de vida que nos exigen provoca menos trabajo, menos crecimiento, menos ingresos y, por tanto, más déficit, es decir, más deuda y más dificultades para hacernos cargo de ella como personas responsables. La situación es idéntica a una de esas pesadillas en las que corres sin avanzar, caes sin caer, subes las escaleras sin llegar nunca a la azotea o, peor aún, descubriendo que la ascensión conducía al sótano. Parece que lo que buscan a toda costa nuestros prestamistas es una coartada para rompernos las piernas. La economía es una disciplina complicada, y cruel. Personalmente, no la entiendo, pero tampoco escucho nada inteligible a los expertos. ¿Dónde empezó todo? ¿Es rentable el negocio de la ruptura de piernas? ¿Quién nos ha entrampado de esta forma? ¿Sabían los políticos que nos han gobernado durante los últimos 20 años que la fiesta terminaría de este modo? El PAÍS
Pero al ejecutar la operación advertimos con espanto que la reducción del nivel de vida que nos exigen provoca menos trabajo, menos crecimiento, menos ingresos y, por tanto, más déficit, es decir, más deuda y más dificultades para hacernos cargo de ella como personas responsables. La situación es idéntica a una de esas pesadillas en las que corres sin avanzar, caes sin caer, subes las escaleras sin llegar nunca a la azotea o, peor aún, descubriendo que la ascensión conducía al sótano. Parece que lo que buscan a toda costa nuestros prestamistas es una coartada para rompernos las piernas. La economía es una disciplina complicada, y cruel. Personalmente, no la entiendo, pero tampoco escucho nada inteligible a los expertos. ¿Dónde empezó todo? ¿Es rentable el negocio de la ruptura de piernas? ¿Quién nos ha entrampado de esta forma? ¿Sabían los políticos que nos han gobernado durante los últimos 20 años que la fiesta terminaría de este modo? El PAÍS
domingo, 16 de mayo de 2010
Cortometraje: “Validation” (Kurt Kuenne), el poder de una sonrisa…
Validation (2007) es un cortometraje escrito y dirigido por Kurt Kuenne, con fotografía en blanco y negro, que ha sido galardonado en varios festivales internacionales. Protagonizado por TJ Thyne y Vicki Davis, la historia se centra en un empleado del “aparcamiento alegre” que, además de validar el propio estacionamiento, también “valida” a los propios clientes con cumplidos sobre su aspecto o características de su personalidad. En poco tiempo consigue gran aceptación popular, pero, finalmente, hay una sonrisa que se le termina resistiendo. En definitiva, se trata de una fábula acerca de la importancia de adoptar una postura positiva en nuestra realidad cotidiana, reivindicando el poder de la sonrisa como la distancia más corta entre las personas. Que lo sonrían.
Etiquetas:
Cine: Cortos,
Reflexiones,
Relaciones personales,
Vídeos
lunes, 10 de mayo de 2010
La experiencia BOOK
Bienvenido a la era que transformará tu manera de entender el mundo, bienvenido a la era BOOK...
Etiquetas:
Literatura,
Reflexiones,
Vídeos
martes, 20 de abril de 2010
martes, 13 de abril de 2010
Joyas musicales: "Sorya Market" (Nick Cave y Warren Ellis)
El australiano Nick Cave y el inglés Warren Ellis, que han trabajado juntos anteriormente como The Bad Seeds, Grinderman y The Dirty Three, también han participado últimamente en la composición de bandas sonoras para documentales (The English surgeon, 2007) y películas (The Proposition, 2005; The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, 2007; o The Road, 2009).
En este sentido, la canción que presentamos en el siguiente vídeo, Sorya Market, pertenece a la partitura del documental titulado The girls of Phnom Penh (2009, Matthew Watson), un retrato íntimo de tres jóvenes en la industria del sexo en Camboya, que luchan contra la degradación de su desgarrada existencia. Esta banda sonora se encuentra integrada en el doble disco recopilatorio titulado White Lunar (2009), donde se recoge, además de las obras anteriormente reseñadas, una selección del trabajo discográfico de Nick Cave y Warren Ellis para la gran pantalla, y materiales raros o no disponibles hasta ahora.
Las texturas atmosféricas de White Lunar nos permiten viajar de forma introspectiva y buscar en nuestra conciencia un “lugar” que sirva de cobijo a nuestras sensaciones más íntimas… Una oportunidad para llenar nuestro espíritu y sentir el latido de la vida sin prisas. Una maravilla.
En este sentido, la canción que presentamos en el siguiente vídeo, Sorya Market, pertenece a la partitura del documental titulado The girls of Phnom Penh (2009, Matthew Watson), un retrato íntimo de tres jóvenes en la industria del sexo en Camboya, que luchan contra la degradación de su desgarrada existencia. Esta banda sonora se encuentra integrada en el doble disco recopilatorio titulado White Lunar (2009), donde se recoge, además de las obras anteriormente reseñadas, una selección del trabajo discográfico de Nick Cave y Warren Ellis para la gran pantalla, y materiales raros o no disponibles hasta ahora.
Las texturas atmosféricas de White Lunar nos permiten viajar de forma introspectiva y buscar en nuestra conciencia un “lugar” que sirva de cobijo a nuestras sensaciones más íntimas… Una oportunidad para llenar nuestro espíritu y sentir el latido de la vida sin prisas. Una maravilla.
lunes, 5 de abril de 2010
Artículo de Rosa Montero: "El valor de lo sagrado"
El otro día vi por casualidad en televisión los diez últimos minutos de Kundun, la película que el gran Martin Scorsese hizo sobre el Dalai Lama en 1997. Creo recordar que, en su momento, el film recibió un vapuleo considerable de la crítica; esos minutos finales, los únicos que conozco de la cinta, me parecieron conmovedores. Tenían algo muy bello e hipnotizante y constituían una rareza cinematográfica. Recordaban más una oración, un poema visual a lo sagrado, que una película convencional. Tal vez todo un film así, si es que el resto es así, resulte excesivo, y de ahí las críticas. O tal vez Scorsese se enfrentara a un doble dogmatismo: por un lado, el de cierta izquierda maoísta, mucho más berroqueña hace diez años, que detesta al Dalai por su oposición a la invasora China; y, por otro, el de aquellos racionalistas tan extremados que no pueden soportar nada que tenga que ver con lo espiritual.
Yo no soy creyente. No me cabe un Dios en la cabeza, y mucho menos si pensamos en dioses antropomórficos. La verdad, no soy capaz de aceptar intelectualmente algo así: lo veo como creer en las hadas. Además la historia demuestra que los jerarcas de las diversas religiones suelen abusar de su poder y cometer todo tipo de tropelías; desde ese punto de vista soy bastante anticlerical, y pienso que, en efecto, la religión puede ser usada como el opio del pueblo. Claro que hay muchos otros opiáceos: el dogmatismo marxista, por ejemplo, también ha adormecido y embrutecido a las masas. El problema, en realidad, es el fanatismo. Eso es lo que te lamina las neuronas.
Pero el que no crea en ninguna divinidad no implica que no sea capaz de escuchar el latido del misterio de la existencia. La vida es un enigma colosal, y los seres humanos, encerrados en la menudencia de nuestra individualidad, nos sentimos abrumados y hechizados por la enormidad de lo que nunca sabremos. Y esa enormidad es lo sagrado. O sea, una realidad que nos trasciende, que es muchísimo más grande que nuestra pequeña vida y nuestra pequeña muerte. No podemos soportar la idea de morir, siempre tan pronto, siempre tan insensatamente, e intentamos ir más allá de nuestro corto tiempo y de nuestra ignorancia.
De esa ansia de perdurar y entender nacen las religiones, pero también las obras de arte, las sinfonías, las novelas, la teoría de la relatividad, la física quántica, la fenomenología, la observación de los planetas en la helada y oscura inmensidad del cosmos. No creo que haya en los humanos un sentimiento más extendido, más básico y primario que el del impulso espiritual, que es esa necesidad de salir de nosotros mismos, de unirnos al resto de los humanos, de dar sentido de algún modo al sinsentido de la existencia, de vernos formar parte de un marco mayor que nos consuele de nuestra insoportable pequeñez. Ya digo, es un rasgo primordial en las personas, y muchos de los que aparentemente rechazan todo lo que tenga que ver con "lo espiritual" no se dan cuenta de hasta qué punto también están siendo movilizados por ese sentimiento. El marxismo, por ejemplo, es otra de las respuestas a esa necesidad humana de trascendencia; y cuando un izquierdista fervientemente materialista se conmueve viendo una manifestación de marxistas puño en alto, está experimentando una emoción religiosa, de religare, unir, al sentirse hermanado con los demás seres del planeta en un proyecto colosal, en el sueño de la construcción de un paraíso en la Tierra. Eso, por mucho que le fastidie la palabra, es una conmoción puramente espiritual.
Todos, creyentes o no, ricos o pobres, intelectuales o analfabetos, tenemos esa capacidad para sentirnos rozados por el ala oscura de lo sagrado. Es decir, por la turbación y el embeleso del misterio esencial. Los japoneses lo llaman satori, los psicoanalistas hablan de "momentos oceánicos". Puede suceder en un atardecer tranquilo y hermoso, o tal vez, como a mí me ha pasado alguna vez, contemplando los ojos aterradoramente humanos de un gorila. Sabes de lo que hablo: de ese instante en el que todo parece encajar y te sientes formar parte del mundo, del tiempo, del todo. Y la vida palpita dentro de ti, monumental y quieta. EL PAÍS SEMANAL
Yo no soy creyente. No me cabe un Dios en la cabeza, y mucho menos si pensamos en dioses antropomórficos. La verdad, no soy capaz de aceptar intelectualmente algo así: lo veo como creer en las hadas. Además la historia demuestra que los jerarcas de las diversas religiones suelen abusar de su poder y cometer todo tipo de tropelías; desde ese punto de vista soy bastante anticlerical, y pienso que, en efecto, la religión puede ser usada como el opio del pueblo. Claro que hay muchos otros opiáceos: el dogmatismo marxista, por ejemplo, también ha adormecido y embrutecido a las masas. El problema, en realidad, es el fanatismo. Eso es lo que te lamina las neuronas.
Pero el que no crea en ninguna divinidad no implica que no sea capaz de escuchar el latido del misterio de la existencia. La vida es un enigma colosal, y los seres humanos, encerrados en la menudencia de nuestra individualidad, nos sentimos abrumados y hechizados por la enormidad de lo que nunca sabremos. Y esa enormidad es lo sagrado. O sea, una realidad que nos trasciende, que es muchísimo más grande que nuestra pequeña vida y nuestra pequeña muerte. No podemos soportar la idea de morir, siempre tan pronto, siempre tan insensatamente, e intentamos ir más allá de nuestro corto tiempo y de nuestra ignorancia.
De esa ansia de perdurar y entender nacen las religiones, pero también las obras de arte, las sinfonías, las novelas, la teoría de la relatividad, la física quántica, la fenomenología, la observación de los planetas en la helada y oscura inmensidad del cosmos. No creo que haya en los humanos un sentimiento más extendido, más básico y primario que el del impulso espiritual, que es esa necesidad de salir de nosotros mismos, de unirnos al resto de los humanos, de dar sentido de algún modo al sinsentido de la existencia, de vernos formar parte de un marco mayor que nos consuele de nuestra insoportable pequeñez. Ya digo, es un rasgo primordial en las personas, y muchos de los que aparentemente rechazan todo lo que tenga que ver con "lo espiritual" no se dan cuenta de hasta qué punto también están siendo movilizados por ese sentimiento. El marxismo, por ejemplo, es otra de las respuestas a esa necesidad humana de trascendencia; y cuando un izquierdista fervientemente materialista se conmueve viendo una manifestación de marxistas puño en alto, está experimentando una emoción religiosa, de religare, unir, al sentirse hermanado con los demás seres del planeta en un proyecto colosal, en el sueño de la construcción de un paraíso en la Tierra. Eso, por mucho que le fastidie la palabra, es una conmoción puramente espiritual.
Todos, creyentes o no, ricos o pobres, intelectuales o analfabetos, tenemos esa capacidad para sentirnos rozados por el ala oscura de lo sagrado. Es decir, por la turbación y el embeleso del misterio esencial. Los japoneses lo llaman satori, los psicoanalistas hablan de "momentos oceánicos". Puede suceder en un atardecer tranquilo y hermoso, o tal vez, como a mí me ha pasado alguna vez, contemplando los ojos aterradoramente humanos de un gorila. Sabes de lo que hablo: de ese instante en el que todo parece encajar y te sientes formar parte del mundo, del tiempo, del todo. Y la vida palpita dentro de ti, monumental y quieta. EL PAÍS SEMANAL
viernes, 2 de abril de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








